Por Claudia de la Espriella
Especial para EL DIARIO ALTERNATIVO

Sin inclinación intelectual por el conocimiento resulta imposible que una sociedad avance hacia el equilibrio entre sus integrantes. Es evidente que se dificulta el progreso tecnológico que le permite a un país estar acorde con las necesidades.

La mayoría de los colombianos piensa que leer es un acto mecánico. Un error terrible se comete cuando se cree que   no somos coautores que participamos activamente en este proceso con quien escribe. Se trata de interpretar la realidad a través de los ojos de otro y de nosotros mismos.

En un país como Colombia donde el hábito de leer se convierte en casi un pecado, el proceso creativo se detiene y la cultura avanza a pasos de tortuga. De allí que sea grave la negación sistemática de acercarse a la sabiduría de los libros. Nuestro país ocupa uno de los últimos lugares del mundo en comprensión de lectura y eso indica, a las claras, que la capacidad de análisis de sus ciudadanos es aterradora. Sin embargo, los programas educativos para estimular a los niños y jóvenes este ejercicio de aprendizaje son nulos. Uno de los indicios claros es que en esta pandemia una de las primeras medidas tomadas fue el cierre de las bibliotecas públicas y, hasta el momento, se les  reactiva muy lentamente. Se ha desperdiciado por completo  el trabajo de las neuronas que se estimula de manera muy positiva a través del contacto con los libros. En vez de llevar estos a los hogares mientras se adecuaban las  mencionadas bibliotecas con estrictas medidas de bioseguridad, se pasó a imponer, sin el análisis detenido ni ninguna capacitación previa para docentes y estudiantes, la educación virtual sin considerar, por un momento, que esta fuera eficiente y verdaderamente atractiva. En cambio llegaron una serie de promesas, todas incumplidas, de dotar de computadores o celulares a los alumnos y mejorar la conectividad en los lugares más apartados de la nación, a donde ni siquiera existen carreteras. Y mientras tanto los libros? Bien, gracias, durmiendo sin oficio ni beneficio en los anaqueles.

Pero dejemos de lado el análisis crítico de los evidentes errores de esta improvisación educativa y pasemos a la lectura como medio para volvernos más creativos y, por lo tanto, más críticos.

Cualquiera que haya leído un cuento sabe que la mente vuela como águila a medida que aparecen las palabras. Un ejemplo sencillo basta para ilustrarlo. Partamos de los cuentos infantiles. Suelen comenzar con la siguiente frase: “En un reino lejano vivía en un palacio una princesa…” La palabra palacio no se percibe igual si se está en España o se está en Mongolia. Un “chaval” ibérico ve una casa muy amplia donde vive un señor de corbata con barba entrecana, que se llama Felipe, el mismo nombre que tiene su hermano. Diferente concepto tiene el infante asiático y, en este sentido, ambos realizan un ejercicio de creatividad y así es como nutre su mundo cultural ya sea expresándolo a través de un dibujo, una canción, un poema o un baile. Automáticamente se vuelve coautor con los hermanos Grimm, Charles Perrault o cualquier otro escritor. No sucede lo mismo con un video. Allí se limita significativamente la imaginación al crear, previamente, una versión estereotipada de los personajes.  

El proceso creativo no se detiene jamás una vez haya comenzado. Es más, se vuelve más adictivo a medida que pasan los años. Se nutre de nuevas palabras, nuevas formas expresivas, nuevos modos de ver la vida. La lectura se transforma en un compañero de juego, en un confidente incuestionable que no traiciona y que, además, da consejos sabios.

De otro lado, el despertar la imaginación trae debajo del brazo, el incremento del análisis crítico y el afán de llegar a una verdad objetiva donde se vea la realidad y se puedan juzgar los pros y contras de cada uno de los asuntos que nos incumben. 

El camino hacia la verdad de los acontecimientos que nos afectan en la vida cotidiana se consigue a través del interés por la investigación. Esa forma de nutrir el pensamiento también parte del gusto por la lectura, ya sea aquella que se refleja en los textos literarios, de variados aspectos de la cultura la que aborda lo humanístico o la que proviene de lo ciencias exactas. Sin esa inclinación intelectual por el conocimiento, resulta imposible que una sociedad avance hasta conseguir el equilibrio entre todos sus integrantes. Igualmente es evidente que se dificulta el progreso tecnológico que le permite a un país estar acorde con las necesidades económicas y demandas propias del complejo escenario del mundo del siglo XXI.

La tarea es larga y dispendiosa. El gobierno colombiano que jamás ha tenido a la educación como un asunto prioritario para sus ciudadanos. También es verdad que tanto para educadores como padres de familia en muchas ocasiones no aúnan esfuerzos, ni buscan salidas para incrementar este hábito tan útil para las nuevas generaciones.

Las bibliotecas no pueden ni deben ser olvidadas. Todos los que amamos los libros impresos en papel, sabemos que la relación con ellos no es tan fría como la que se establece con un medio virtual. Adelante tenemos a un compañero fiel en las buenas y en las malas. Es hora de ponernos creativos y salir en busca aventuras intelectuales y artísticas que fundan el pensamiento de un escritor con lo que se interpreta. Leer es un deleite del espíritu tan necesario en tiempos de este aislamiento que debe enriquecernos para ser mejores seres humanos. Aceptemos el desafío y digamos: ¡¡¡Adelante!!!

Cartagena,  5 de febrero 2021.