Por Parmenio Cuéllar Bastidas
Especial para El Diario Alternativo

El liberalismo, promotor de la llamada “revolución en marcha”, en sus épocas gloriosas se proclamaba como el partido de la coalición de matices de izquierda

El ex-vicepresidente Humberto De la Calle, en escrito del pasado 17 de enero, hace elogio del centro político y termina relacionando los nombres de importantes colombianos que podían representarlo en el próximo debate presidencial, sólo que omitió a uno que recientemente, en escrito de la revista Semana, se declaró de “centro centro”, el exfiscal Néstor Humberto Martínez Neira. Olvidó igualmente que el ex-presidente Alvaro Uribe fundó su actual partido político con el nombre de Centro Democrático.

Todo el debate sobre el tema es recurrente en las campañas presidenciales y no hay duda alguna que el objetivo, es descalificar a Petro, acusándolo de polarizar el debate. Que sus propuestas son más que radicales, extremistas. En el debate presidencial de 2018 se lo acusó de extremista por haber propuesto la expropiación del Ingenio Cauca si su propietario, el empresario Carlos Ardila Lule, se negaba a la negociación directa. Petro quería devolverles a los indígenas del norte del Cauca un extenso territorio que fue de sus ancestros. Se dijo que esa era una propuesta castrochavista y que Petro pretendía instaurar el modelo venezolano. Se olvidaba que en la Carta Política de 1886 se consagró la expropiación, que la Constitución del 91 la mantuvo. Igualmente, que en la reforma constitucional de 1936 se instauró la expropiación sin indemnización por motivos de equidad, figuras que el constituyente del 91 también mantuvo.

Y el liberalismo, promotor de la llamada “revolución en marcha”, en sus épocas gloriosas se proclamaba como el partido de la coalición de matices de izquierda.

Hoy, la temida expropiación está consagrada en la Constitución y desarrollada en la ley, como una venta forzada, donde se busca convenir el precio con el propietario, y no con base en el avaluó catastral sino comercial. Posteriormente, el expresidente Carlos Lleras Restrepo, en su gobierno (1966-1970) realizó la Reforma Agraria que hizo una expropiación muy radical, toda vez que consideró que un predio no estaba adecuadamente explotado, cuando era afectado por contratos de arrendamiento, aparcería o medianería. Es decir, que así el predio estuviera debidamente cultivado, para efectos de la expropiación se consideraba que no lo estaba.

 La expropiación ha seguido siendo, y lo es actualmente, un instrumento al que recurren con frecuencia los alcaldes del país para acometer la construcción de obras, especialmente en los sectores urbanos.

Finalmente, Luis Carlos Galán, que fustigó en diferentes escenarios a su partido por haber abandonado a los sectores populares, se definió siempre como un hombre de centro-izquierda, y le reclamó al liberalismo el cumplimiento de sus deberes con los más pobres, en vez de entregarse a los poderosos y al clientelismo. Más aún, fue defensor de la paz negociada. Por eso apoyó los diálogos de paz con la guerrilla de las FARC y cuestionó al gobierno por la masacre de la Unión Patriótica. En sus discursos de plaza pública, en las diferentes campañas, se le escuchó invitar reiteradamente a la guerrilla a acordar la paz para que continuaran la búsqueda de sus metas y programas por la vía democrática.

Galan, cabalmente, como agudo analista de los temas políticos y sociales, decía que el centro, en la mayoría de los países era el sector mayoritario, pero que siempre se inclinaba por los candidatos de izquierda o de derecha, para darles la victoria a uno de ellos. No hay duda alguna que eso puede suceder en el próximo debate presidencial en Colombia.

Otra cosa es la personalidad conflictiva de un candidato, que en muchas ocasiones le puede impedir mantener a su lado a valiosos dirigentes políticos.