Por José Vales
Especial para EL DIARIO ALTERNATIVO 

Lo del 6 de enero no puede representar una sorpresa ni para los organismos de seguridad del Gendarme Global y tampoco para los lectores.

Un incunable de la literatura política latinoamericana de los años 70 es aquel libro del chileno Ariel Dorfman y el belga Armand Mattelart, “Para leer el Pato Donald”, donde se analiza pormenorizadamente a los personajes creados por Disney como agentes difusores de modelo americano. No era una mala idea la que el propio Dorfman, quien vive a caballo entre Santiago de Chile y Carolina del Norte, lanzó en 2017 para analizar no ya la complicidad del  Pato, sino al, por entonces, recién asumido Presidente.

Podemos repasar lo que fue su gobierno, al que aún le quedan dos interminables semanas por delante en el caso de que no sea sometido a la vigésima quinta enmienda, para darnos cuenta de que fue la expresión más acabada de la crisis por la que atraviesa Estados Unidos. Una crisis que no es nueva, pero que con “Trump-olini” quedó al desnudo. Exacerbó los ánimos de una sociedad fragmentada. No lo hizo sólo. Gozó del apoyo de las redes sociales para ahondar en las diferencias de sectores que estaban allí como la National Rifle Association con otros fruto de su inspiración como el ultraderechista QAnon, para lo que hasta se consiguieron un actor de poca monta como Jake Angeli (QAnon Shaman), para entrar disfrazado al Capitolio con la cara pintada y todo. Netflix está carente de material para la próxima temporada.

Ese es el legado de Donald, el “facho”, el mismo que alguna vez sedujo a no pocos políticos del progresismo latinoamericano, como el caso del pragmatismo del mexicano Andrés Manuel López Obrador. 

Lo del miércoles no puede representar una sorpresa ni para los organismos de seguridad del Gendarme Global y tampoco para los lectores. El origen del hombre al que el americano medio eligió presidente en su momento, la forma en que irrumpió en el hoy alicaído Partido Republicano, su ambicioso muro para los mexicanos y todos los disparates de su gestión derivaron en ese intento de golpe de Estado con su correspondiente baño de sangre, que logró debilitar ya, antes del arranque, al futuro gobierno de Joe Biden.

Un Biden, que además de su salud y su edad como enemigo a derrotar en los próximos cuatro años, ahora deberá lidiar contra una realidad, mucho más cruel No ya de mandar tropas a Afganistán o al Golfo, sino como lidia con esa ultraderecha autóctona y estudiar bien cómo mueve las piezas de la potencia en el marco de esta suerte de Tercera Guerra a la que asiste la humanidad, de la que nadie pretende hablar pero que cada día es más evidente que debemos sufrirla. Ese es el legado de Donald, el “facho”, el mismo que alguna vez sedujo a no pocos políticos que militan en el progresismo latinoamericano, como el caso del pragmatismo del mexicano Andrés Manuel López Obrador.

No me gustaría ser Kamala Harris, de aquí en adelante. La futura vicepresidenta deberá estar preparada para cualquier tipo de contingencia. Incluso, la de gobernar en tiempos turbulentos como los que se avecinan, tal como lo demostró ese ensayo de golpe, con el que el mundo se mantuvo entretenido esta semana, por obra y gracias del “Facho” Donald.

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Tomado de El Telégrafo, de Ecuador.